Tiene cojones. Que quererte sea tan jodidamente complicado y aun así lo siga intentando. A mi se me quiere fácil, dices. Pero nunca te has quedado. Te vas y luego… siempre silencio. Pero nada es permanente contigo, ni tus idas ni tus venidas. Me vuelves loca.  Te has escondido tantas veces después de decirme un ‘nos volveremos a ver’, que ya se como miran tus ojos cuando dicen Adiós. Y por eso tus besos saben salados. Y supongo que también por eso yo siempre me quedo en la orilla, esperando a que el agua vuelva a rozarme los dedos del pie.

Qué vida esta, en la siempre te dan menos de la mitad pero te basta para llenarte el vaso de wiskey con Cocacola hasta arriba, más de una vez, y creerte que te lo han dado todo de verdad, al menos ese día, en aquello que dijo… yo lo sé. ¿Y tú que crees? Que se me va la olla, ¿no?

Lo quiero todo, siempre, aunque a veces en vez de azúcar le echemos sal a la receta. Quiero sueños contigo. Quiero tu y yo recorriendo Estados Unidos en caravana. Quiero tu y yo haciendo musica. Tu guitarra, mi voz. Quiero tu y yo en la cocina. Quiero harina en tus manos, en mi cara, en mi pelo, en la pizza. Quiero conciertos, fiestas, locura. Restaurantes, charlas, siestas, camas deshechas. Quiero vida. Vivir. Tú y yo.

 

Y que al final, después de mil bailes, te metas la botella medio llena medio vacía debajo del brazo y me cojas la mano, y me digas que nos vayamos. ¿A dónde? Da igual. Pero que me lo digas. Que al final siempre me lo digas. Que al final siempre vuelvas. Que haya merecido la pena esperar en la arena y tropezarme con las rocas y hacerme sangre en la rodilla. Que te aclares, y me aclares a mí. Que me pidas que me vaya, pero contigo. A todos lados, o a ninguna parte. Fin.

 

 

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