He salido de casa con una libreta y un bolígrafo para escribir. Tengo que salir de casa porque allí es imposible. Incluso estando sola en absoluto silencio. No puedo. Entro en un estrés instantáneo tan solo al pensar que de un momento a otro alguien puede llegar a perturbar mi soledad. Esa grandiosa y poco valorada soledad.

Y es que llevo un mes sin pisar un folio. Últimamente mis pies solo caminan sobre muchas hojas de otoño. Un mes sin manchar de pensamientos un papel en blanco. Joder, un mes es mucho tiempo, demasiado.

Estoy sentada en frente de la ventana, viendo pasar autobuses y tranvías. Hoy no son montañas, pero es que no siempre pueden ser montañas. La vida es así, autobuses y tranvías. El 12 a Palettes, el 18 a Carouge, el 32 yo que sé a dónde, no doy más de sí. No me pidas más que me estresas, últimamente me estreso pronto. Probablemente si ahora mismo me quitara los cascos y escuchara el ruido del blablabla y esa música automática de la cafetería que no inspira a nadie, me estresaría. Ah cómo quiero a mis cascos…

En fin, que estoy exagerando, que me gusta estar sentada al lado de una ventana y ver a la gente pasar, que el color del cielo está precioso, las nubes se mueven lentamente, tengo un café en las manos, y a veces eso es suficiente. Que llevo semanas intentando sacar esto, que siento demasiadas cosas y no encuentro maneras.

Un mes sin escribir. Llevaba un mes sin escribir.

Necesitaba contaros que no hago más que perder cosas, pero la cabeza cada vez la pierdo menos, y no me gusta.

Y ahora en serio, sin exagerar, he perdido unos guantes y la pareja de otro. Sólo me queda su gemelo. También he perdido un paraguas y en el último viaje casi pierdo un gorro. Pero luego lo encontramos. Casi perdemos el ticket del parking, pero luego lo encontramos. Perdimos la ruta a casa. Luego la encontramos.

Y a ese viaje lo llamé lección de vida express.

No se como explicaros, pero es que a veces un viaje puede resumirlo todo. Porque sí, porque la vida es eso, es perderse y encontrarse, caerse y levantarse y reírse en el camino. Porque hubo muchas risas, claro que las hubo, pero también hubo caídas, de las buenas, de las que nos levantamos doloridos, y siendo más fuertes que antes.

¿Sabéis? Dos o tres días después de perderlo, encontré la pareja de mi guante, pero lo he vuelto a perder, qué desastre. Cómo puede ser que pierda tantas veces el mismo guante.

Para más información, el domingo pasado encontré dos tirados en un arbusto. Sí, en un arbusto. No eran los míos, pero ahora uno de ellos lo es. Solo cogí uno, porque solo me faltaba uno. Y ahora llevo uno distinto en cada mano, soy así. No siempre que te pierdes y te vuelves a encontrar eres el mismo de siempre.

Quería contaros que sí, que llevo un mes sin escribir ni una sola hoja pero he leído 20 poemas de Jim Morrison y un libro sobre cómo crear tu propio mundo, y ahora me siento con la presión de que el mío sea demasiado pequeño. Que a veces la vida pasa demasiado deprisa o demasiado despacio pero es siempre bonita. Y que a veces siento que no hago nada pero a veces ese nada es necesario en el proceso de conseguirlo todo.

En fin. La vida.

Y que llevaba un mes sin escribir.

Y que quitándome los cascos me he dado cuenta de que en la cafetería no suena la lista automática sino una guitarra y que no me estresa, para nada.
Y ahora voy a elegir qué tarta comerme después, y qué lugar visitar el próximo.

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